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Javier Fernández: «Estos son mis últimos Juegos; seguir sería una locura»
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Javier Fernández tacha los días que faltan para el mayor reto de sus últimos tres años. Con su cuarta plaza en Sochi 2014 todavía clavada en algún rincón de su memoria, se prepara para acudir a los Juegos Olímpicos de Pyeongchang (9-25 de febrero) en el mejor momento posible. A los 26 años, apura las notas de su programa, afila los detalles y pule las cuchillas para dar su mejor versión después de más de una década en la élite. Pero sin olvidar el Europeo, en enero. «Será un poco de preparación, pero también quiero un sexto oro, para entrar más en la historia del patinaje», dice. Como si su nombre no significara ya desde hace tiempo «patinaje artístico».

¿En qué ha crecido este año?

Ha sido una temporada con altibajos, pero al fin y al cabo también hemos conseguido muchas cosas. No siempre se puede estar al más alto rendimiento, pero tienes que seguir luchando. Hemos conseguido títulos y medallas y logros, que al fin y al cabo es lo que buscamos. En el entrenamiento busco siempre la perfección. Pero en patinaje es difícil, es más inestable: estás en el hielo y un error mínimo te la juega. No siempre se pueden hacer programas perfectos. Aunque nosotros busquemos siempre lo mejor, los otros deportistas también hacen lo mismo. Es muy complicado ser siempre el primero cuando tienes tantos rivales. Cuanto mejor entrenes, mejor vas a competir. Pero no es una garantía. Sobre todo es el tema mental. Si eres una persona fuerte, te recuperas fácilmente o no de una mala competición. En eso soy bueno. Me puedo cabrear o estar triste si no compito bien, pero al día siguiente me despierto y ya es otro día. Sé por qué estoy en Canadá, entrenándome cada día.

¿En algún momento se podrá ser bueno en patinaje en España?

Es algo que nosotros queremos cambiar en el futuro. Esperemos que en poco tiempo podamos crear aquí un sitio donde la gente pueda entrenarse con buenos entrenadores, con buenas cualidades, de todo para que no se tenga que ir uno fuera. De momento la cosa está complicada. Pero hay que hacer cambios. Y hasta que no se hagan no es que sea imposible, pero es mucho más difícil.

Más empresas han llamado a su puerta en estos últimos tiempos.

Son empresa muy grandes: UCAM, Ynsadiet, El Corte Inglés, Reebok. Está muy bien, claro. Son supergrandes, pero nos hemos ido conociendo y todas las que me han dado patrocinio al fin y al cabo son muy naturales, muy de tú a tú. Que es lo que nos gusta. Nos gusta ir a ver sus instalaciones, tener una reunión, o ir a comer con ellos. Eso es lo que yo también busco y que nos gusta hacer. Y todas las personas con las que trabajamos son así. Por muy grande que sea la empresa.

¿Nota que usted y sus rivales han subido el nivel del patinaje mundial?

En España ha subido muchísimo: de patinadores, de expectativas, más gente detrás del patinaje, más pistas de hielo, más ayudas. Un poquito de todo.

Y a nivel internacional... Sí, hemos forzado a los que llegan nuevos, claro. Ellos son los que quieren estar ahí, pero se llevan una idea diferente de lo que hemos hecho. Nosotros sí que empezamos a poner más dificultad en este deporte, pero ahora se ha disparado y ya la gente no tiene ningún control. Hemos hecho que los demás patinadores se arriesguen y que creen cosas nuevas y que hagan nuevos saltos que no se habían hehco antes, pero luego ellos en una competición lo ponen todo. Esto puede ser muy bueno si lo hacen todo, pero todo bien, aunque pierdas con temas de coreografía que son muy importantes. O puede ser muy malo porque puede ser muy arriesgado y perder también la esencia.

¿El patinaje cada vez irá a más físico y menos arte?

Sí, y creo que debería tener algo de las dos cosas: físico y coreografía.

¿Con qué se siente más cómodo?

Entre más dificultad y fallos o menos dificultad y perfección, yo me decanto por la perfección. Un programa difícil, como Chaplin y «El hombre de La Mancha», que sean limpios, con carisma, que atrapen al público.

¿Cómo es su programa?

Me siento muy bien. Son dos programas estupendos, muy difíciles a nivel de coreografía, y tienen mucho potencial. Y les hemos dado desde el principio nuestro voto de confianza porque aunque sean muy difíciles creemos que pueden ser los mejores programas de toda la temporada. Ahora ya vamos más al detalle. Ver los errores que hemos tenido en otras competiciones e intentar evitarlos. Siempre intentar mejorar el programa, pero a mitad de temporada sería una locura cambiarlo. Además, es un programa estupendo, ¿por qué lo vamos a cambiar?

¿Cómo es el proceso de creación?

Solemos estar con los mismos coreógrafos de los últimos años. Ellos son los que saben cómo organizar un programa. Nosotros les damos los elementos que tienen que llevar, sobre todo los saltos; las piruetas las montan otras personas porque hay diferentes posiciones. Y ellos te dicen: aquí hacemos este salto, aquí este otro, aquí el tiempo de las piruetas, aquí descansamos, aquí otro salto. Así se crea un programa. Se empieza con una conexión de un elemento con otro elemento y vas uniendo las piezas. Yo me dejo guiar por los coreógrafos.

¿Hay algún plan B durante la ejecución del programa si algo falla?

Puedes hacer algún ajuste, hacer variaciones de si te has caído en un salto y no has podido combinarlo, lo puedes hacer en el siguiente. Pero siempre tratamos de evitarlo porque intentando hacer un arreglo lo puedes estropear más. Es todo tan exacto, con los elementos y la música, que a veces un fallo de esos tontos lo arreglas y luego te das cuenta de que en vez de arreglarlo te has puesto la zancadilla tú solo.

Cuarto en Sochi 2014, dos mundiales... ¿lo presiona su palmarés?

A veces sí. A veces te dices: «eres dos veces campeón del mundo, cinco de Europa y no he tenido un día perfecto». Pero eso es normal. No vas a tener días perfectos toda tu vida. Hay dos formas de pensar: positiva y negativa, sobre todo cuando estoy más cansado. Siempre me intento contrarrestar. Si pienso «¿por qué no puedo hacer esto, si lo hice ayer?» Trato de buscar la explicación: «a lo mejor estaría más cansado». Y a seguir luchando.

¿Dormirá bien la noche antes de salir al hielo en los Juegos?

Sí. Si no pasa nada que me haya despertado por algo, suelo dormir bien. A lo mejor me pongo una película, bajita y sin mucha luz en el ordenador y me quedo dormido. No estoy media hora dándole vueltas a lo que voy a hacer en la competición. Lo que tiene que ser será. ¿Para qué darle más vueltas?

¿La medalla se logra en los entrenamientos y ese día lo disfruta?

No. Yo disfruto si mientras estoy haciendo el programa va bien. Es que a veces no te puedes ni mover. Me ha pasado, preguntarme: «qué hago aquí. No quiero patinar. Quiero irme a casa, tranquilo y tumbarme en el sofá». Y luego patinar y hacerlo bien. Porque cambias el chip. Pero todo el mundo se pone nervioso. Otra cosa es cómo lo afrontas.

¿Qué siente cuando sale a la pista?

Escucho un poco el ambiente, pero mi cabeza hace muchas cosas a la vez. Cuando te pones en automático, incluso dejas de escuchar a la gente. Pero salir a un estadio con 25.000 personas que te aplauden, que están esperando que patines… son momentos complicados.

¿Qué ve mientras patina?

Veo luces que giran. Además siempre intentas ver esas luces, sobre todo en pirueta. En un salto no. Pero en una pirueta siempre intento buscar un punto para contar cuándo termina la vuelta. Tenemos que hacer unas vueltas obligatorias: tres vueltas completas en cada posición. Cuentas «una, dos, tres, una dos tres», pero tú estás dando vueltas, si no te fijas en algo y coges un punto de referencia ?cómo lo averiguas?. Es todo muy curioso.

¿Busca esas luces antes de empezar el programa, en los minutos de entrenamiento?

No, es cuando comienzas a patinar cuando buscas una cosa que te guíe. A lo mejor en lugar de una luz blanca es una luz verde, porque solo veo una, y el resto son todas blancas. Pues te fijas en ello y la sigues: luz verde, luz verde, luz verde.

¿Nota el cansancio y la exigencia de tantos años en lo más alto?

Desde luego. Todo duele más, te cansas más, te recuperas en mucho más tiempo. Los años te van poniendo más dificultad en el deporte, pero es normal, es la vida. ¿Cómo lo contrarrestas? Midiendo más los entrenamientos, bebiendo más agua, con esto, lo otro... pero no te lo puede quitar nadie. Yo antes en lugar de hacer uno hacía dos, pero ahora ya no. No puedo dar lo mismo que otro patinador con 20 años. Porque tengo seis más. Que no soy viejo, pero soy ya un poco adulto para este deporte. Han aparecido más jóvenes en poco tiempo y pueden hacer tres programas largos al día. Yo con uno estoy muerto.

Necesito más tiempo de recuperación. Cuando me entreno, lo hago muy bien, me voy a casa y descanso. No me voy a… comprar al centro comercial ni a darme una vuelta. No, porque al día siguiente voy a estar muerto. Que parece una tontería, pero el cuerpo actúa de diferentes maneras.

¿Cómo son sus entrenamientos?

Sobre todo pista, y algo de entrenamiento de cardio. Fuera de pista: en el gimnasio; y dentro, como si fuera un patinador de velocidad dando vueltas a la pista, controlando las pulsaciones a las que tengo que estar con un pulsómetro. Y el físicio de piernas, por ejemplo, ya se hace en pista, con un buen entrenamiento el patinaje hace muchas cosas.

¿Ve el final de su carrera?

Mi última competición grande no sé, pero estos son mis últimos Juegos, te digo yo que sí. No aguanto cuatro años más. Sería una locura. En cuanto a competiciones es algo que tendré que pensar: si voy a hacer alguna, si no voy a hacer ninguna, si voy a hacer el europeo… es algo que tendré que sentarme cuando termine esta temporada. De momento no lo sé. Pero de momento yo sigo y cuando venga la siguiente, que sea lo que Dios quiera.
[Imagen: svngjb.jpg]
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#2
Que huérfanos nos vamos a quedar Yellow
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#3
pues si, porque el relevo lo tenemos complicado, complicado!
[Imagen: svngjb.jpg]
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